miércoles, marzo 05, 2014

Cuestionamientos acerca de las políticas públicas de la SCJ en torno al artista

"Soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma."
Son las últimas dos oraciones que componen el poema Invictus, de William Ernest Henley. El poema que ayudó a Nelson Mandela a sobrellevar sus años en prisión por su revolución contra el apartheid.

Aunque considero este poema hermoso e incluso verdadero a niveles filosóficos muy, yo diría demasiado profundos, pienso que a niveles prácticos es una especie de mentira reconfortante.

Todos los que vivimos en este mundo, pobres y ricos, lisiados o completitos, sabemos que el destino de cada quien se ve afectado por factores externos incontrolables, de los cuales uno no es responsable, pero tiene que asumir consecuencias.

Por ejemplo, una persona de clase baja o media, al decidir (o necesitar) ser un artista, sabe que muy probablemente tendrá que llevar una vida austera y sencilla; y es que todos sabemos que el arte, para la gran mayoría, no deja.
Uno crece, deja de ser un adolescente o artista aprendiz con ilusiones creativas y experimentales porque va dándose cuenta de la necesidad que hay en nuestra sociedad capitalista de tener dinero para poder hacer cosas sin mayores ambiciones: tener una casa donde vivir, pagar la renta o el predial, comprarla a plazos, comer y beber balanceado y sano, tener una novia y poder invitarla al cine o al teatro (carísimo) o al parque a comer elote de vez en cuando, tener un fondo de ahorro para el retiro en la ancianidad, alimentar a los hijos, etcétera...
Todas esas nimiedades que la Carta Magna llama Garantías Individuales.

Para los mas apasionados, responsables y menos previsores, el hecho de poder generar dinero mediante la profesión y creación artística, significa poder dedicar tiempo y esfuerzo a los proyectos, a mejorarlos, pulirlos, entregar calidad, buscar un lugar en la historia del arte y, por consecuencia, incrementar el capital artístico del país. Algo que, al menos en la retórica, parece interesarle a las instituciones públicas.
Y es que, lógicamente, cuando alguien tiene una profesión que parece hobby y una chambita que parece profesión para ganar dinero no podrá hacer bien ninguna o al menos una de las dos cosas, además, cualquier persona que se dedique o se haya dedicado al arte en cualquiera de sus formas, de manera seria, sabe que es un trabajo muy desgastante y absorbente.

El destino de los artistas se ve regido, como en todas partes, pero sobre todo en México, debido al sistema paternalista de producción desde el gobierno, por las políticas públicas de las Secretarías.

Mucho me he quejado de los elevados precios que tienen los boletos del teatro, primero, cuando pretenden hablar sobre temáticas sociales o humanas para una gran cantidad de gente (el precio elevado disminuye el número de gente que puede ir a ver las obras, también hace que el teatro sea únicamente para las clases medias y altas), segundo, cuando estas obras se hacen con dinero de los impuestos de todos, se supone que ya pagamos por su producción.
Sin embargo, hace falta analizar la otra cara de la moneda, muy probablemente la causa de que el sistema tenga que funcionar bajo este sinsentido ético y práctico.

Voy a hablar acerca de algo muy específico, que me sucedió personalmente, a riesgo de parecer estar ardido. Créanme, no lo estoy, este es solo un ejemplo para exponer una realidad que nos concierne a todos.

El año pasado, mi próximo cortometraje La Luz del Día, que grabaremos en la última semana de abril, fue beneficiado por el incentivo de CECA Jalisco con la cantidad de dinero necesaria para completar estrictamente la producción del proyecto. Es decir, no contamos con un peso para pagar ningún salario por trabajo en preproducción, rodaje ni postproducción, mas que a los actores, quienes además, están recibiendo un salario bajo para el trabajo que están haciendo. (En cortos casi nadie ensaya extensivamente, tal vez por falta de dinero, tal vez por falta de tiempo, tal vez por falta de ganas, tal vez por falta de tablas, tal vez por todo esto junto. Tuve la fortuna de contar con dos actores dispuestos a ensayar así, lo cual ha resultado complicado por temas de tiempo y dinero.)
Este incentivo es algo con lo que estoy sumamente agradecido, ya que nadie nunca me había dado dinero para realizar un proyecto personal.
Es una bendición poder operar con dinero, y además, entiendo que los presupuestos para cultura no son muy altos y tienen que repartirse de la mejor manera.
Sin embargo, el único que se beneficiará de este trabajo seré yo, al dirigirlo y moverlo en festivales obtendré cierto prestigio que me ayudará en mi carrera. Esto igual para las cabezas creativas de departamento, pero para nadie más que nosotros. Nadie más obtiene un beneficio por su trabajo.

Es por ello que, cuando me enteré que la Convocatoria Proyecta de la Secretaría de Cultura de Jalisco abrió un periodo de recepción de proyectos, inmediatamente mi productora Karen Kotto puso manos a la obra para pedir una cantidad justa, e incluso reducida, de dinero, para poder pagarle a todo el crew del cortometraje al menos un dinero que alivianara sus necesidades económicas durante el tiempo de rodaje.
La enviamos, a sabiendas de que cuando se envía un proyecto lo más seguro es que no lo ganarás, estadísticamente. Cuando uno envía durante muchos años proyectos a becas se hace consciente de eso, pero no lo deja de hacer, porque es virtualmente la única manera de llevarlos a la realidad.

Llegó el día de la publicación de resultados y, en efecto, no nos la ganamos.
Ni modo, dijimos, y continuamos trabajando. El cortometraje de todos modos se va a realizar con los medios que tenemos y nuestra gente si puede darse el lujo de trabajar gratis durante una semana. Así funciona el maravilloso equipo del cine, con desinterés y alegría (los amo).
Ahora bien, la mayoría de la gente en cine tiene la costumbre de continuar y no poner atención a la beca que no se ganó. Sin embargo, en el teatro es muy diferente, se acostumbra hacer la naquez de buscar impugnar resultados, desprestigiar a los directivos, armar pseudo revoluciones, grillar en redes sociales y en pláticas privadas, conspirar etcétera. Luego, el siguiente año, todos vuelven a pedir las becas, porque no hay de otra y porque todos quieren seguir creando.
Algo cíclico, el eterno retorno.

Y entonces, me pongo a pensar en algo muy específico: para la gente de cine es más fácil ganar dinero (aún con sus grandes complicaciones), haciendo publicidad, yendo a llamados de uno o dos días para spots de 30 segundos o institucionales, todo tipo de material audiovisual que paguen empresas, gobierno o partidos políticos. En un día te ganas mínimo mil pesos solo por talachar.
No me quiero ni imaginar lo mucho que les cuesta a los teatreros ganar dinero, solo dando clases o vendiendo funciones. Cosas que suenan complicadas, porque hay un cupo limitado para maestros, y todos sabemos que a menos que trabajes en el Tec de Monterrey o en la UNIVA, ITESO u otras escuelas privadas, a las cuales solo acceden creadores con prestigio y trayectoria, el sueldo de maestro es casi siempre muy bajo.
Empiezo a ver que la grilla teatrera es por una necesidad de supervivencia. Probablemente una salida falsa, dramática y catártica (teatreros,... ¡sabe!), pero finalmente es por una opresión económica.

En una de esas conversaciones, se comentó el rumor a varias voces de que la política de la Secretaría de Cultura de este año fue la de no otorgar un peso para salarios de ningún proyecto.
Esto se deduce por el documento público cuando se entregaron resultados, no hay ningún rubro para salarios u honorarios.
Lo que pedí únicamente fue dinero para salarios de mi crew, entonces, el rechazo fue muy lógico.

Pero, inmediatamente pensé en las siguientes cuestiones:
-De ser verdaderas estas aseveraciones ¿cuál es el mensaje que está dando la Secretaría de Cultura con esta política?
-¿Cómo podemos pensar en tener una industria sana del arte y poder vivir de nuestro trabajo, cuando ni el mismo gobierno parece entender eso?
-¿"Bienestar, mereces estar bien" no sería una frase hipócrita y demagógica cuando no se piensa en el bienestar social de los artistas, en su derecho de ganar dinero por trabajar en una producción artística, su oficio dentro de la sociedad?
-¿No será entonces la rifa del tigre para los creadores? Quienes además, en muchos casos tienen que someterse a procesos burocráticos engorrosos que acaban por complicar la creación de las obras.
-¿No será algo muy conveniente la de dejar a los artistas en esa posición, mientras los directivos de la Secretaría de Cultura ganarán sus salarios a tiempo realizando su trabajo, entre los cuales está poner en los reportes que se realizaron las mismas obras que ganaron los incentivos, por los cuales el artista no tuvo ningún salario justo?
-¿Los directivos son conscientes de esto?
-Siendo así, ¿podemos culpar a los creadores escénicos por cobrar la entrada a sus obras a mínimo 100 pesos? ¿no será entonces una manera de recuperar un poquito de su trabajo?
-¿Bajo esta óptica, la Secretaría de Cultura no debería asumir su responsabilidad para que las obras lleguen a un mayor número de gente, lo cual forma parte de sus obligaciones?
-¿Qué seguridad económica tiene el artista, no solo para su tiempo presente, sino para su vejez?, ¿eso no es "bienestar"?, ¿el artista no "merece estar bien"?
-¿La Secretaría de Cultura no debería asumir su responsabilidad para que las obras tengan una calidad alta y digna, lo cual forma parte de sus obligaciones?, ¿una forma de asegurar la calidad no sería dándole un salario justo a los creadores, para que solo dediquen tiempo y energía a ese oficio? Dinero es igual a tiempo y esfuerzo. Tiempo y esfuerzo es igual a calidad.
-¿Esta política no es una forma de explotación del hombre por el hombre?
-¿No es una violación a las Garantías Individuales, a la seguridad económica y vida digna, el hecho de poner a los artistas en esta posición?

Yo entiendo que el dinero que se otorga para cultura es relativamente poco. También entiendo que ese dinero tiene que repartirse de alguna manera y que ser funcionario público es una gran responsabilidad de toma de decisiones sobre toda una sociedad, porque la política no es otra cosa mas que la decisión entre inconvenientes.
Pero, ¿no es esta omisión para lograr un estado de igualdad y justicia? yo considero que recibir salario por un oficio es justicia y que todas las decisiones administrativas presupuestales deberían estar enfocadas a la justicia y la mejora social.

De ser verdad este rumor, me parece que es una omisión de responsabilidades y respetuosamente creo que haría falta que nuestros funcionarios públicos, los que toman estas decisiones desde arriba, se hagan conscientes de esto. Ya que muchas veces, salvo honrosas excepciones, los funcionarios son administradores de dinero, que en el mejor de los casos saben apreciar el arte, pero no son artistas, no están en el piso y no viven estas realidades consecuencia de las decisiones institucionales.

Es mi deber ciudadano hacer estas preguntas y es deber de la Secretaría ante mi condición de ciudadano mexicano, que además pidió la beca, responderlas:
-¿Fue o no fue la política de este año no otorgar dinero para los salarios de los creadores beneficiados con los incentivos?
-¿Cuál fue la lógica detrás de esa decisión?


Independientemente de la respuesta, es lamentable que el artista no es amo de su destino, ni capitán de su alma, aunque el arte venga esencialmente de ella.






2 comentarios:

  1. Y todavía los teatreros la tienen baratona (relativamente, chavos, no se me alebresten). Los escritores la tenemos bien difícil: Una novela no te la avientas en un año, quizás ni en dos. Si llega a publicarse en México lo más probable (excluyendo a las editoriales chafas que te cobran por publicarte y a mafiosos de la poesía como Andrés Cisneros) es que no te den un adelanto y te den un trato parecido al de un músico, es decir, el 10% de las ventas por concepto de regalías (que es el 10% del precio en que la editorial lo vende a las librerías, no el 10% del precio total). Si tu edición es de mil ejemplares (y casi todas son de 500 a mil) y dan el libro a cien pesos, te llevas la fabulosa cantidad de diez mil pesos, lo cual no es ni el café que te tomaste para escribirla. Y como escritor no te pagan tus presentaciones como cuando eres teatrero, ni puedes trabajar de tu oficio para sacar un salario como los cineros, ni te invitan las cheves en el bar como a los liros.

    ResponderEliminar
  2. Perdón, no concluí lo que quería sobre los dineros públicos (valiente sumaletras que soy). Si tu novela llega al panteón de los dioses del Fonca y te becan vivirás mal que bien durante el año que dura la beca, pero el Fonca no garantiza la publicación de las novelas, y aún si la novela se publica, la editorial muy probablemente perderá dinero con tu libro, que terminará vendiéndose a diez varos en el remate de libros del Auditorio Nacional, de lo que te pagarían lo que me imagino debe ser el cheque más mísero del mundo para un novelista (no lo sé porque llevo ya cinco años en este jale y nomás nada, he tenido que vivir de zángano de mis jefes y, no es mi caso, pero conozco varios poetas que de plano se dedican también al narcomenudeo, como en los Detectives Salvajes).

    ResponderEliminar